Es que se nota a leguas, que ese rostro quiere bailar con mis manos, que ese cuello podría ser explorado, que esos ojos gritan besos. por encima de las costillas labios y la nuca dedos.
Estrujándome las ganas te veo y con un nudo en el estómago me retiro, amarrado con la impotencia de no creer como se tira el agua limpia. Como se pierde el tiempo en sentirse mal. Cómo no hacer sentir bien a quien se dedica al cuidado de otros. Me enfurece el descuido de la cuidadora. Me encantaría, me encantaría... me muero de ganas y rabia...
Un masaje de pies a lóbulo frontal, tomando el rumbo y presionando el perímetro de tu espalda, arrancando suspiros y cálidos movimientos de las palmas de mis aceitadas manos. Del otro lado, quisiera mejor ni hablar que nomás me da un nostálgico coraje de aquello que pudo ser y no es.
Mucho ruido pocas nueces, no es mi tiempo, no es mi espacio, detrás de un vitral me encuentro hasta que veo mi patético reflejo deseando entrar en el húmedo espacio del otro lado. Olores a incienso, menta y romero.
Ferocisimos tus labios distantes, cercanos, a distancia muy prudente pero insoportablemente lejos (C.Lemus)

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