martes, octubre 16, 2012

Arrullo entre brazos

No es necesario el miedo cuando se tienen las manos cabales.
Tampoco es imperativa la culpa de no sentir o agradecer y marcharse.

Lo que si es obligatorio es por lo menos una vez en la vida...
Conocer es ese abrazo que redime todos tus maleficios
Ese pudoroso rostro sonriente que, ocultándose, viene a recostarse en mi pecho
Es inherente el gozo de unas manos acolchonadas transitando las avenidas de la piel
Esa mirada que, inesperadamente, besa sin pedir permiso
Es necesario el arropo de tu cariño en brazos de maneras ansiosas y repetidas
Inapelable, profundo y artesanal su olor tan edénico y bohemio.

Si no estás, nace un vertiginoso abérnico cataclismo en el centro de mi pecho.
y otra vez, a pagar los platos rotos de mi corazón concupiscente.

Al filo de un escalón, unos pies arriba y otros abajo
se respiran intenciones que hablan sin palabras
donde dichos portadores, prensados uno del otro, no se atreven a dejarlas libres.
Meciendo el aire a borbotones de un lado a otro
como los arboles que arrullan la tierra



Así es esto, disculpa... ASI nomás




Oriol Valls, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien.
Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos.
Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje. (Eduardo Galeano "El viaje")

1 comentario:

Macorina dijo...

"se respiran intenciones que hablan sin palabras"
así nomás... :)